EPÍLOGO

 

 

 Después de la muerte de Kino, Velarde quedó a cargo de Dolores; Polici murió dos años después en Bacerac; Campos siguió en San Ignacio ejerciendo un trabajo misional increíble durante 20 años más; Manje sobrevivió a Kino por lo menos 15 años y Mora lo hizo con 9, muriendo en los brazos del Capitán Juan Bautista de Anza cuyo hijo se convirtió en el fundador de la ciudad de San Francisco en Estados Unidos. En la Península de California, Salvatierra trabajó incansablemente falleciendo seis años después que el Padre Eusebio en la ciudad de Guadalajara, llegando a fundar siete prósperas misiones junto al Padre Ugarte.

 

A mediados de siglo, el norte de Sonora y sur de Estados Unidos floreció con una veintena de misiones a cargo de sacerdotes como Bentz, Fraedenberg, Gerstner, Grashofer, Hoffenrichter, Hawe, Keller, Klever, Kolub, Kürtzel, Middendorff, Miner, Nentuig, Och, Paver, Ruhen, Sedelmayr, Segesser, Slesac, Steb, Steiger, Wazet y Weis. En California trabajarían Baegert, Bischoff, Consag, Ducrue, Gasteiger, Gordon, Helen, Link, Neumayer, Retz, Tempis, Tuersch y Wagner, todos de origen noreuropeo. Keller y Sedelmayr repitieron algunos de los viajes del Padre Eusebio por el Gila y Colorado. Consang y Link revivieron los proyectos de Kino para abastecer a California por tierra; Consag exploró la costa oriental del Golfo desde el sur de la península llegando hasta la desembocadura del Río Colorado, confirmando de una vez por todas la hipótesis de Kino acerca de que California no era una isla.

 

Pero en 1767 todo terminó; el Rey Carlos III expulsó a los Jesuitas de todos los lugares de América, siendo arrestados y llevados de nuevo a Europa cual si fuesen los peores delincuentes. Mucho tuvo que ver la filosofía de los Jesuitas de desarrollar a los indios primero, antes de permitir que la ambición de los colonos y militares reforzaran la colonización brutal que después se dejaría sentir. Los franciscanos sustituyeron a los Jesuitas, pero sin restarles méritos pues algunos de ellos fueron incluso masacrados en rebeliones indígenas, nada fue igual.

 

Tras la salida de los “ropas negras” de Sonora, las misiones jesuitas fueron puestas en manos del clero parroquial y otras se encomendaron a los franciscanos. De la nueva generación de sacerdotes, vale la pena comentar que hubo otro fraile que siguió los pasos de Kino:  el Padre Francisco Garcés. Partiendo de San Xavier del Bac donde estuvo asignado, su talento de explorador le permitió llegar a las lejanas tierras que el P. Eusebio alguna vez planeó visitar. Fue guía y acompañante de Juan Bautista de Anza con quien pudo abrir una ruta terrestre desde Sonora a California EU y estuvo presente en la fundación de San Francisco. Garcés y tres compañeros más ganaron la corona del martirio al caer a manos de los Yumas el 17 de Julio de 1781.

 

Regresando a Kino, el 19 de Mayo de 1966 fueron localizados sus restos después de una exhaustiva investigación que fue desarrollada por estudiosos mexicanos y norteamericanos de la obra del gran expedicionario Jesuita, entre los que destacan Eduardo W. Villa, Fernando Pesqueira, Mr. Lockwood, Serapio Dávila, Rubén Parodi, Dolores Encinas, Padre Charles W. Polzer  y Guillermo Wasley. Tiempo después, el 2 de mayo de 1971 se inauguró el mausoleo y la Plaza Monumental en una ceremonia a la que fue invitado el Lic. Luis Echeverría Alvarez, presidente de la República Mexicana en aquel entonces.

 

El paciente lector que ha llegado a estos últimos párrafos seguramente entenderá el mensaje que se expuso en el prólogo; la obra de Kino es muchísimo más grande de lo que se observa a simple vista... de lo que superficialmente se platica incluso en las aulas. Su extraordinaria inteligencia se exhibe en cada una de las actividades que hemos logrado comprender a través del esfuerzo realizado por Bolton y Garrido, y por supuesto, del  “Favores Celestiales” del mismo padre Eusebio.  Me atrevo a asegurar que Kino, el Padre de Sonora, tiene merecido algo más que un simple monumento bien colocado o  un recuerdo vago en las mentes de los sonorenses, y en este punto, considero también una gran falta de respeto el que su nombre haya sido utilizado en infinidad de ocasiones para titular empresas comerciales y productos diversos ante la complacencia de las autoridades educativas y culturales. La fama de Kino debe explicarse en las escuelas y no aprovecharse tan solo para carteles publicitarios.

 

No es necesario señalar culpables o despotricar en contra de nosotros  mismos por ese extraño comportamiento acerca de la valorización de la obra de Kino. Al terminar de analizar su vida, uno podría pensar que la fortuna nunca estuvo totalmente de su lado, y si bien es cierto que luchó siempre en contra de la adversidad saliendo airoso las más de las veces, en su ambiente circundante sobraron escollos que lograron el cometido de quitarle méritos a su trabajo en más de una ocasión, y creo que hasta nuestros días algo de ese infortunio aún lo persigue; ¿cómo fue posible que su valioso documento se extraviara en los archivos de la nación por dos siglos al menos, y un siglo después de encontrados se haya editado la primera edición en español partiendo de una obra originalmente publicada en inglés?.

 

En lo general, creo que Sonora le debe mucho reconocimiento al trabajo de los Jesuitas en los primeros años de entrada a la civilización occidental, ya que 50 años antes de la llegada del ilustre italiano comenzaron las gloriosas misiones del yaqui dirigidas por valerosos “ropas negras” entre los que destacó Perez de Rivas. No es justo mantenernos tan callados pues con justicia deben ser considerados nuestros primeros maestros y Kino, indudablemente, como el más brillante profesor.

 

Nunca será tarde para aquilatar su esfuerzo, y en estos momentos de principios de siglo cuando la tecnología brilla con luz propia dirigida hacia el engrandecimiento del hombre, y a la vez en ocasiones amenaza sigilosamente con desfigurarnos como hermanos de una Patria chica con rica historia, es muy benéfico girar la vista hacia atrás y estudiar la raíz de nuestro principio, conocer los esfuerzos de aquellas nuestras pasadas generaciones a quienes les tocó vivir en los límites entre la barbarie y la civilización... ahí ... en ese punto histórico es donde Kino llegó ansioso a entregarnos las primeras lecciones del conocimiento en cualesquiera de sus manifestaciones, con el mejor interés de dar a nuestra raza la iluminación que hace posible la vida en armonía. Es por ese motivo que el Padre de Sonora debe ser bien comprendido por las actuales y futuras generaciones,  evitando que su presencia en aquellas lejanas épocas quede extinguida ante la veloz marcha de los tiempos.

 

 

FIN